domingo, 4 de septiembre de 2016

Segunda declaración pública (4/08/16)

Producto de mi procesamiento en el caso seguido por la muerte de Charles Horman, el tres de diciembre de 2015 fui nuevamente procesado, esta vez por la muerte de Luis Alberto Corvalán Castillo, hijo del conocido dirigente del Partido Comunista, Luis Corvalán Lépez. ¿Cuál sería mi participación en el crimen del joven Luis Alberto Corvalán? Según el auto de procesamiento emitido por el juez Leopoldo Llanos Sagristá, haber formado parte, supuestamente, del Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN) a la fecha de los hechos. ¿En qué se basó el juez Llanos para sostener tal cosa? Se basó en la pseudoinvestigación que hizo el juez Jorge Zepeda Arancibia en el caso de Charles Horman, es decir el juez Llanos tomó partes de ese proceso y las dio por válidas, pero no consta ni en aquella ni en esta investigación ninguna declaración ni hechos ni rumores que me vinculen ni siquiera indirectamente con la muerte de Luis Alberto Corvalán.

Curiosamente, es a partir del expediente Horman que el juez Llanos sostuvo que yo habría pertenecido al EMDN cuando se produce la detención y torturas a Luis Corvalán en el Estadio Nacional (19.09.1973), sin embargo ignoro la razón de que el juez Llanos no haya considerado que en el mismo expediente Horman quedó demostrado que si bien pertenecí al Depto. II del EMDN desde 1954 hasta el 11 de septiembre de 1973, ese mismo día lo dejé a pedido del Jefe del EMDN, Vicealmirante Patricio Carvajal y al día siguiente, 12 de septiembre, cuando Carvajal es nombrado Ministro de Defensa, pasé  a integrar su staff hasta el 14 de abril de 1974, fecha en que fui destinado al Depto. de C.I. de la Dirección de Operaciones de la Fuerza Aérea.

Desde el día 11 hasta el 17 de septiembre de 1973 inclusive, período en que el país estuvo paralizado, permanecí en el Ministerio de Defensa. En el estado de cuasi guerra con Perú post-golpe era vital monitorear la situación y hacer los preparativos para una posible invasión, por lo cual mi conocimiento de las redes de inteligencia en ese país era de la mayor relevancia. El día 18 se reabre el comercio y las oficinas en el país, por lo cual regreso a mi lugar de trabajo, la CORFO, aunque se instala en mi oficina un teléfono ministerial para tener línea directa con el Ministro, ya que sigo dependiendo orgánicamente de él. Ese día 18 me encargo de ubicar al administrador del edificio central, quien a su vez se contacta con los encargados del aseo, electricistas y mecánicos para revisar ascensores, etc., y a partir de las 06:00 comienza a reactivarse la rutina en el edificio ya que a las 08:00 llegaría el Gral. Javier Palacios Ruhman, nuevo Vicepresidente de CORFO, quien más tarde me exoneraría al saber que había desobedecido la orden que me diera el día 11 en la Moneda en el sentido de ejecutar al periodista Carlos Jorquera Tolosa, a quien salvé la vida y fue el único de todos los resistentes en la Moneda que sobrevivió, pues los demás fueron ejecutados el día 12 de septiembre en Peldehue.

Ese día 18 de septiembre comienza a llegar a CORFO el personal, integrado por militantes o simpatizantes de todos los partidos políticos, quienes me ven en mi oficina del 8º piso, dependiendo de la Gerencia de Finanzas de CORFO, trabajando con la preocupación de que por una parte el país está económicamente quebrado y, por otra parte, hay una guerra en ciernes con Perú. Pronto comienzan a llegar a la Oficina de Personal familiares de funcionarios de CORFO detenidos, los cuales si no son casos extremos son derivados a la Oficina de Seguridad para revisar las posibles razones de su despido y en qué lugar se encontraban. Yo me negué a asumir la dirección de la Oficina de Seguridad, pues esa era una labor policial y yo era un agente de inteligencia y mi función en CORFO era ver el área del contrasabotaje a la economía, y por eso dependía del Gerente de Finanzas.

En la página 1 del auto de procesamiento se indica que el Sr. Luis Alberto Corvalán Castillo “es llevado al Estadio Nacional el 19 de septiembre de 1973”. ¿Cuál es mi relación con este hecho? Ninguna. Ni siquiera el juez Llanos me vincula con el hecho mismo, sino que me procesa en calidad de cómplice por creer, erróneamente, que yo habría estado en el EMDN a esa fecha. Por el contrario, no solo no tuve que ver con la represión postgolpe, sino que como consta en certificados ante notario adjuntos a la causa de Charles Horman y también a la de Luis Alberto Corvalán, ayudé al personal de CORFO a la vez que mi dependencia en el Ministerio de Defensa era con el Vicealmirante Carvajal, como consta en el Boletín Oficial de la Armada del 12.09.1973 y como lo atestiguan el Gral. de Brigada Aérea (J) Renato Nuño L., en retiro, los entonces funcionarios de CORFO Guido Miranda Nizetic (Gerente de Finanzas de CORFO), Héctor Ortega Fuentes (militante del Partido Radical y Presidente del Comité Político de la Unidad Popular y sus Comités Sectoriales de CORFO), Jaime Cassone (ex Jefe de la Sección Control de Bienes de CORFO y representante del Partido Nacional), Guillermo Sáez Pardo (Secretario Político del Partido Comunista de CORFO), Guido del Valle Hermosilla (dirigente de la Asociación de Empleados de CORFO), Iván Parra Ramos (ex Jefe de Recursos Humanos, ex Secretario General de CORFO y representante del PDC), Jorge Sánchez Staforelli (ex empleado de CORFO y ex Jefe de Gabinete del Rector de la U. de Chile, Luis Riveros), Eduardo Reyes Contreras (Habilitado de CORFO), Manuel Emilio Carabantes (Jefe de la Brigada Socialista de CORFO y ex Jefe de Sección del Depto. de Personal de CORFO). Como ha sido profusamente publicado, tanto el Depto. II del EMDN como la Jefatura del Estadio Nacional dependían de la Subjefatura del EMDN, es decir del Gral. de Brigada Aérea Nicanor Díaz Estrada.

Hubiera deseado explicarle todo lo anterior al juez Llanos, pero lamentablemente no tuve la oportunidad, pues no me llamó a declarar ante él ni ante la PDI, sino que sin haber investigado me procesó y ordenó que se me encarcelara a mis ochenta años, por lo cual pasé tres meses en prisión con las negativas consecuencias para mi salud, tal como lo constató el personal médico del Centro de Detención de Peñalolén.

En el caso Horman varias personas se esforzaron por presentarme como un furibundo anticomunista, lo cual no sólo no es cierto, sino que se demuestra en que militantes comunistas fueron quienes me ayudaron a asilarme en oficinas de la Cancillería de Italia en Santiago. Cuando fui alertado de que el Jefe de la Dirección de Operaciones de la Fuerza Aérea, Fernando Matthei, había dado orden de eliminarme físicamente, fue el dirigente del Regional Norte del Partido Comunista, Octavio Abarca Gilbert, a quien conocía desde 1959, quien me recibió en su casa, y con su esposa, la ciudadana italiana María Pía Castelli, quien trabajaba en la Cancillería de Italia, me ayudaron a ingresar a esa legación, donde permanecí asilado tres años, hasta que pude salir a un exilio que duró doce largos años. En la sección “11 testimonios de mi actuación durante la U.P. y bajo la dictadura” de este blog constan además los testimonios ante notario de militantes comunistas y de todos los demás partidos que integraron la Unidad Popular que relatan como logré que se los liberara de sus lugares de detención, impedí que siguieran siendo torturados, los reintegré a sus funciones para que pudieran obtener una jubilación o, cuando su situación era crítica, los ayudé a salir del país sin ser detectados por la DINA que buscaba su muerte. En esa misma sección, el ex Senador de la Izquierda Cristiana Alberto Jerez Horta declara que en su departamento “Volodia Teitelboim y un funcionario del P.C. reconocieron con nombre y apellido a más de 29 militantes del P.C. que le debían la vida a Rafael, y como si esto no fuese suficiente, también reconocieron que en diciembre de 1972 Rafael le informó a Daniel Vergara, en ese entonces Subsecretario del Interior, que habría un golpe en septiembre de 1973”.  Un relato más pormenorizado acerca de mi persona y de la oscura investigación del juez Zepeda fue publicada en el diario El Siglo del 2 de enero de 2015. Y todo lo anterior sin ser yo ni marxista ni comunista.

Espero que se logre averiguar la verdad de lo ocurrido y se haga justicia con Luis Alberto Corvalán, a quien nunca llegué a conocer, y quien sufrió las mismas circunstancias que muchos de mis ex compañeros de labores en CORFO, a algunos de los cuales ayudé aun casi sin conocerlos, como a Guido del Valle o Eduardo Reyes, pero a quienes defendí movido por un deber ético, y asimismo espero que se me haga justicia a mi también, y el Estado de Chile, en cuya defensa y en la defensa de cuyos ciudadanos sacrifiqué mi bienestar y el de mi familia, deje de acosarme inmisericordemente, en esta ocasión por medio de los Tribunales de Justicia. Así lo expresó el fallecido ex Presidente de CARITAS – CHILE, Rev. P. Baldo Santi en su Carta Abierta de diciembre de 2003 cuando el juez Jorge Zepeda me procesó: que esa inicua medida se debía a que yo había sido “quien los señalara como responsables del sabotaje económico contra el Estado de Chile entre los años 1970 y 1973 y, con posterioridad al golpe, por revelar la participación que tuvieron en el lobby internacional que dio soporte a la dictadura”.

jueves, 6 de agosto de 2015

Declaración pública

DECLARACIÓN PÚBLICA

JUSTICIA PARA HORMAN, JUSTICIA PARA GONZÁLEZ

En referencia a la imputación que me hace el juez Jorge Zepeda sobre una supuesta complicidad mía en el asesinato del periodista y cineasta norteamericano Charles Horman, desde ya reitero que se trata de una acusación enteramente irresponsable, y declaro:

En primer lugar:
1.      En 1976, encontrándome asilado en la cancillería de Italia en Santiago, denuncié ante periodistas de CBS y  del Washington Post haber visto a Charles Horman en dependencias del Ministerio de Defensa una semana después del Golpe.
2.      En 1978, hallándome exiliado en España, acepté una invitación del padre de Horman para ir a Estados Unidos y colaborar con el juicio que él y la viuda del periodista preparaban contra Henry Kissinger y otros por la responsabilidad que eventualmente les cupiera en la muerte de Horman. En dicha ocasión me alojé en casa del padre del Sr. Horman y ratifiqué mis denuncias hechas en Santiago, autorizando la desclasificación de todo documento donde mi nombre apareciera asociado al de Horman, de acuerdo a las leyes de ese país, lo que llevó a la primera desclasificación de documentos de agencias norteamericanas sobre el caso.
3.      Como la propia viuda del Sr. Horman ha declarado públicamente, solo con mi testimonio el padre del Sr. Horman y ella estuvieron en condiciones para iniciar el mencionado juicio en Estados Unidos.
4.      De lo anterior se desprende inequívocamente que jamás he participado en ningún pacto de silencio con respecto al caso Horman sino que, al contrario, he colaborado voluntariamente con la búsqueda de la verdad y la justicia mucho antes que ningún juez me llamara a declarar en este caso.

En segundo lugar,
5.      Como agente civil de inteligencia, dependiente del Ministerio de Defensa, obtuve repetidamente las mejores calificaciones de mi promoción.
6.      En 1969 el gobierno de Eduardo Frei me envió en comisión de servicio a la agencia de CORFO en Nueva York, donde me desempeñé casi ininterrumpidamente hasta julio de 1973; ese mes volví a Chile, pues en octubre debía partir a Inglaterra a un curso por dos años en Scotland Yard, que estaba ya acordado con el gobierno británico. El el breve lapso en que estuve en Chile a comienzos de 1971 para asesorar al gobierno en contra del sabotaje económico de la CIA no tuve relación con los Horman, pues ellos aún no habían llegado a Chile.
7.      No participé en ningún preparativo golpista ni, tras el Golpe, en ningún acto represivo; al contrario, salvé decenas de vidas de militantes de partidos de la Unidad Popular, como consta en innumerables declaraciones ante notario.
8.      A inicios de 1974, el general Contreras urdió acusaciones contra mí, a partir de torturas a un prisionero en el regimiento de Tejas Verdes; se me abrió un proceso en la Fiscalía Militar que pronto quedó en nada por lo burdo de la maniobra.
9.      A fines de marzo de 1974 fui desvinculado del Estado Mayor de la Defensa Nacional (EMDN) por haber hecho llegar información al entonces Mº del Interior, el general Bonilla, sobre las torturas que se estaban cometiendo en Tejas Verdes. (En la ocasión, Bonilla se presentó personalmente en Tejas Verdes y sacó de su cargo a Contreras, pero luego Pinochet anuló tal decisión).
10.  Entre marzo de 1974 y junio de 1975 permanecí prácticamente inactivo, asignado a la Fuerza Aérea; solo en mayo de 1975 se me encomendó investigar un desfalco que se estaba cometiendo en la construcción de elementos para la defensa de la frontera norte.
11.  En septiembre de 1975, habiendo sido dado de baja por la Fuerza Aérea (pues mis investigaciones confirmaban la participación de altos oficiales de esa institución en el aludido desfalco), debí asilarme con mi mujer y mi hijo en la cancillería de Italia, con ayuda de un dirigente del Partido Comunista; un oficial de la inteligencia de Carabineros me informó que había orden de eliminarme.
12.  Salí al exilo tres años después, en 1978, y solo pude regresar a Chile en 1990.

Por último:
13.  Cuando en el año 2000 la viuda del Sr. Horman interpuso la querella para que se investigara la muerte de su marido en la justicia chilena, mi nombre no figuró entre las personas acusadas; al contrario, la Sra. Horman sugirió que se me tomara declaración como testigo del caso.
14.  Desconozco las circunstancia del asesinato de Charles Horman, aunque, como lo he declarado desde 1976, si casi con toda seguridad quienes lo realizaron materialmente fueron agentes del Estado de Chile, es también casi seguro que la información sensible sobre Horman les fue entregada por agentes de inteligencia de los Estados Unidos destinados en Santiago.
15.  Personalmente me resulta difícil creer que la decisión de asesinar a Horman (o la muerte de este por violencia desmedida en su eventual interrogatorio) haya sido responsabilidad del General A. Lutz, director de inteligencia militar de la época; el mismo director de la CIA, W. Colby, le señaló a Kissinger tres días después del Golpe que en la inteligencia militar chilena había una fuerte presencia de comunistas, como se puede leer en el Informe Church del senado norteamericano. Lutz jamás se llevó bien con la DINA y probablemente su extraña muerte, en 1974, se debió a ello.
16.  Si efectivamente Lutz fue quien llevó a Horman al Ministerio de Defensa (donde lo vi, de paso, en su oficina), queda la pregunta: ¿quién pudo haberle dado la orden a Lutz para detenerlo? Necesariamente alguna autoridad ligada al servicio de inteligencia chileno que recibió información sobre Horman por parte de agentes norteamericanos. ¿A qué rama de las FFAA pertenecía el Mº de Defensa y superior de Lutz en la época? ¿A qué rama pertenecía el director del Departamento II (Inteligencia) del EMDN, dependiente del Mº de Defensa? ¿A qué rama pertenecía el director del EMDN que en el primer semestre de 1973 solicitó un informe sobre los “subversivos extranjeros” que trabajaban en Chile Film, tal como él mismo lo reconocería públicamente años después? El juez que lleva la causa es, en primer lugar, quien debe responder.

Rafael González B.
Santiago, agosto de 2015.

martes, 22 de octubre de 2013

índice


JUSTICIA PARA HORMAN,
JUSTICIA PARA GONZALEZ












A modo de presentación



El presente blog, como un grano de arena en el desierto, no tiene otro propósito que abogar porque se haga justicia a Charles Horman L., periodista y escritor norteamericano asesinado en Chile en septiembre de 1973, y, consecuentemente, a mí mismo, en vista de que se me ha pretendido asignar participación en tal deleznable crimen.

En lo esencial expongo antecedentes —la mayor parte de carácter público, aunque algunos de ellos poco conocidos— sobre el caso Horman y sobre las imputaciones que aún hoy me afectan.
            
El “caso Horman” es ampliamente conocido a nivel internacional, en particular por la película Missing (1982)[1], del cineasta griego Costa Gavras, protagonizada por Jack Lemmon, la cual ganó un Oscar en 1983 (se trata de una adaptación al cine del libro de Thomas Hauser[2], aparecido en Estados Unidos en 1978, con el apoyo del padre y la esposa de Horman). Curiosamente, la película no sólo fue prohibida en Chile bajo la dictadura de Pinochet, como era de esperarse, sino que también recibió una demanda del ex Embajador de Estados Unidos en Chile durante el Golpe, Nathaniel Davis, y de dos funcionarios norteamericanos asignados a dicha embajada en el período en cuestión, Ray Davis y Arthur Crater, la que finalmente no prosperó.

En cuanto a mí, luego de pasar tres años refugiado junto a mi esposa y mi hijo de cinco años en una oficina de la Cancillería de Italia en Santiago (entre 1975 y 1978), pues la extraña conjunción del General Gustavo Leigh y la DINA se oponían tenazmente a mi salida, estuve exiliado por doce años en Europa, antes de poder regresar a Chile en mayo de 1990. Para todo efecto, la ley chilena me reconoce la calidad de exonerado político y, durante mi exilio, la ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y la Cruz Roja Internacional me reconocieron la calidad de refugiado político[3]. Aunque propiamente no hay ni habrá un “caso González”, pues ambas situaciones son evidentemente incomparables, sí hay una común exigencia de justicia, que  debe prevalecer.

Justicia, insisto, y no blanqueo, pues en lo que me atañe no hay nada que blanquear.

Rafael A. González B.,
Santiago de Chile, octubre de 2013.






[1] La película puede verse aquí.
[3] Hace algunos años, tras conocerse las imputaciones en mi contra en el caso Horman, algunas personas instaron a la Oficina de Exonerados Políticos, dependiente del Ministerio del Interior, a que se me retirara la calidad de exonerado político y sus beneficios. Lo anterior motivó que la Coordinadora Nacional del Programa de Reconocimiento al Exonerado Político, Sra. Natacha Molina (q.e.p.d.), realizara personalmente una acuciosa revisión de todos los antecedentes en mi carpeta, cuyo resultado fue que se mantuviera tal beneficio (Res Nº 1408-04). 

“To Rafael Gonzalez, a decent and honourable man” Edmund Horman, padre de Charles Horman



La frase que encabeza este acápite fue escrita de puño y letra por el padre de Charles Horman sobre un ejemplar del libro Missing (escrito por Thomas Hauser[1], a partir del cual se filmaría luego la película homónima), ejemplar que él mismo me regaló en Nueva York en enero de 1979. De las circunstancias y del porqué de esa dedicatoria me refiero a continuación.

Tras refugiarme con mi esposa y mi hijo (por entonces de cinco años) en dependencias de la Cancillería de Italia en Santiago[2], con la ayuda de un dirigente del Partido Comunista de Chile[3], y permanecer tres años asilado en dicho recinto diplomático, al salir al exilio en 1978 (a España) fui contactado por Edmund Horman, en busca de ayuda para el esclarecimiento de la muerte de su hijo. Esto lo hacía, por cuanto mientras me hallaba asilado en la Cancillería de Italia di una entrevista a Frank Manitzas de CBS y Joan Omang del Washington Post —en 1976, mientras se realizaba una reunión de la OEA en Santiago a la que vino Kissinger— en la cual señalé haber visto a Charles Horman a eso de las 18.00 hrs., el 17 de septiembre de 1973 en el noveno piso del Ministerio de Defensa.[4]

Así, una vez en el exilio en Madrid, en noviembre de 1978 el padre de Horman me ubicó a través de Miguel Ángel San Martín y Juan Ferrada, ambos entonces secretarios del ex-Senador socialista Erich Schnake, quienes me plantearon que Edmund Horman deseaba que le ayudara a aclarar la muerte de su hijo. Desde la oficina de Schnake en Madrid hablé telefónicamente con Edmund Horman, quien me invitó a visitarlo a Nueva York, señalándome que él me enviaría un pasaje de ida y vuelta, que no me preocupara por la estadía pues él me alojaría en su departamento, y que tampoco me preocupara por mi llegada a Estados Unidos, es decir, de la policía estadounidense. (Yo tenía fundadas aprensiones sobre esto último por el trabajo de contraespionaje que había efectuado contra la CIA durante años, antes y durante el Gobierno de la Unidad Popular —del cual no fui partidario pero al cual serví lealmente, en momentos en que los intentos norteamericanos por desestabilizar la economía chilena eran evidentes, sobre todo tras la nacionalización del cobre). Edmund Horman me esperó en el aeropuerto de Nueva York junto a su abogado Peter Weiss, en caso de que hubiera problemas — y de alguna manera los hubo, pues migración me fotografió de frente y de perfil y me tomó las huellas digitales, cosa que no se hacía con nadie en aquellos años.

Estuve durante el mes de enero de 1979 en el departamento del señor Horman. El 10 de enero firmé un affidavit (una autorización notarial) mediante la cual autoricé la desclasificación de todos los documentos que tuviera la CIA o el Departamento de Estado relativos a mi persona en los que se mencionara a Charles Horman. 

Si, como se me imputaría años después, yo hubiera tenido la más mínima participación en el asesinato de Charles Horman, ¿alguien con dos dedos de frente podría pensar que yo iba a estar autorizando la desclasificación de documentos de la CIA o del Departamento de Estado en que figurara mi nombre? Mi única motivación para dar tal autorización fue naturalmente ayudar a la familia Horman en su anhelo por establecer la verdad y alcanzar justicia.

» Gracias a esta autorización hubo la primera desclasificación en EEUU relacionada con el caso Horman y, muy probablemente, la primera desclasificación post-golpe. El detalle del tipo del material desclasificado en esa ocasión puede apreciarse en la siguiente carta de un funcionario del Departamento de Estado de EEUU (Malcolm Barnebey, del Bureau of Inter-American Affairs), fechada el 10 de abril de 1979, y dirigida a John W. Corwin, del Center for Constitutional Rights de Nueva York. Obviamente, los documentos desclasificados tenían y siguen teniendo pasajes completamente rayados (no legibles).

En cualquier caso, dicha desclasificación permitió comenzar a apreciar el grado de involucramiento de entidades estadounidenses en la muerte de Charles Horman. Aunque agentes estadounidenses no hayan apretado el gatillo, es claro que existe al menos responsabilidad intelectual y moral por parte de funcionarios norteamericanos en Santiago en su asesinato. En lo esencial fue eso lo que yo mismo manifesté ya en 1976, cuando, hallándome asilado en la Cancillería de Italia en Santiago, me entrevistó la cadena CBS y el Washington Post, y es lo que en 1978 argumentaría a su modo el libro Missing de Thomas Hauser[5] e, incluso, es lo que tres agentes de la embajada de Estados Unidos en Santiago reconocen en un memorándum fechado el 25 de agosto de 1976 (desclasificado en 1979 y vuelto a desclasificar con mayores detalles, aunque no por entero[6]) en el cual reaccionaban a mis declaraciones al Washington Post y CBS. En un pasaje de dicho documento textualmente se lee: "There is some circumstantial evidence to suggest U.S. intelligence may have played an unfortunate part in Horman's death. At best, it was limited to providing or confirming information that helped motivate his murder by the GOC [Government of Chile]. At worst, U.S. intelligence was aware the GOC saw Horman in a rather serious light and U.S. officials did nothing to discourage the logical outcome of GOC’s paranoia" (subrayo). Es decir, los propios agentes de inteligencia norteamericanos estimaron (en 1976) que sus antecesores en la embajada de EEUU en Santiago (en 1973) tanto en “el mejor” como en “el peor” de los casos contribuyeron de algún modo al asesinato de Charles Horman. Que este se lo hubieren achacado entonces a la “paranoia” del gobierno que ellos mismos habían ayudado a instalar, y todo eso debido a la previa y primordial “paranoia” de Nixon y Kissinger (asunto bien documentado por el Informe de la Comisión Church del Congreso estadounidense en 1975) no deja de resultar absurdo[7].

» Gracias a mi autorización (affidavit), como lo ha señalado la propia viuda de Charles Horman, Joyce Hamren de Horman, ella y el padre de Horman estuvieron en condiciones de “ir a la corte” en el juicio contra Henry Kissinger y otros, por su eventual responsabilidad en la muerte de Charles Horman (Horman et al. versus Kissinger et al., Civil Action 77-1798, de 1977). En entrevista a CNN, Joyce Horman declaró el 20 de junio del 2000: “We did not go to court, however, until Rafael Gonzalez gave as an affidavit”. Asimismo, en declaraciones judiciales en Chile (ante el juez de fuero Jorge Zepeda Arancibia), Joyce Horman confirmó que yo les ayudé en el juicio contra Kissinger y la CIA por mi propia voluntad, sin que me pagaran un peso (lo confirmó en Tribunales, ante una pregunta del juez Zepeda al respecto), lo que es obvio, pues si yo les hubiera solicitado dinero por mi testimonio el padre de Horman jamás habría escrito “To Rafael Gonzalez, a decent and honourable man”[8].


* * *







[2] Después de mis palabras ante la prensa sobre el caso Horman, esta información se difundió por todas las agencias periodísticas, produciéndose un tremendo escándalo. El Senador Edward Kennedy y 27 diputados de EEUU solicitaron mi liberación. Como consecuencia, la DINA preparó un operativo para ingresar a la legación de Italia, violando la inmunidad diplomática del recinto, lo cual fue al cabo desarticulado para evitar un escándalo mayor para el Gobierno. Este mismo intento de la DINA por entrar a la Cancillería de Italia me lo confirmó Erich Schnake en Madrid en 1979.
[3] La noche anterior a mi asilo la pasé junto a mi familia en la calle Mayflower, cerca de Diego de Almagro, en la casa del ex Secretario del Regional Norte del Partido Comunista, Octavio Abarca Gilbert (a quien conocía desde 1959). Él mismo se preocupó de conseguirme refugio en las oficinas de la Cancillería de Italia (calle Triana 843, Providencia), pues su esposa, María Pía Castelli, era ciudadana italiana y trabajaba allí desde hacía años.
[4] Específicamente en la oficina del General Augusto Lutz, Director de Inteligencia Militar (DINE, también conocida entonces como SIM), cuya muerte un año después (noviembre de 1974), fue decidida casi con toda seguridad con el conocimiento del propio Pinochet. Al respecto, se puede consultar el libro Años de viento sucio, 1999, de su hija Patricia, reconocida periodista anti-pinochetista, donde da cuenta de cómo Lutz intercedió por el ex senador socialista Erich Schnake y otros militantes de izquierda en aquellos años. Su simpatía hacia Allende era conocida así como su cercana amistad con el médico Enrique París, quien era su siquiatra, además de miembro del Comité Central del P.C. París, como se sabe, fue un resistente en la Moneda el 11 de septiembre de 1973, y fue ejecutado al día siguiente en Peldehue por órdenes del Gral. Herman Brady, como quedó establecido en la investigación judicial que se siguió con el regreso de la democracia. Mi testimonio judicial contribuyó de manera relevante a establecer las responsabilidades en las muertes de quienes acompañaban al Presidente Allende y al Dr. París ese día. Lamentablemente, hasta hoy día sigue sin aclararse quién asesinó al ex Director de la Policía de Investigaciones Eduardo Paredes, ya que estaba en la vereda de Morandé 80, tendido junto a los demás que fueron llevados al Regimiento Tacna y asesinados el día 12 en Peldehue. Sin embargo, sus restos fueron encontrados en un patio del Cementerio General. El Comandante y/o el Vicecomandante del Regimiento Tacna deberían declarar en Tribunales (antes de que fallezcan) a quién le entregaron vivo al doctor Eduardo Paredes, para que se haga justicia después de más de 40 años.
Por lo anterior, considero altamente improbable que el Gral. Lutz haya tenido parte en la muerte de Charles Horman; es más probable que alguien, al hacer llevar a Horman unos pocos minutos a su presencia el 17 de septiembre, le tendiera una trampa. En esa ocasión, Lutz, que no era mi superior (pues la DINE no tenía autoridad sobre el Departamento II, Inteligencia, del Estado Mayor de la Defensa Nacional, E.M.D.N.), pero que sí me conocía pues había sido mi superior en el E.M.D.N años atrás, me llamó por citófono. En la antesala de la oficina del Gral. Lutz pregunté con quién estaba el General y se me respondió que con un “gringo”, por lo que pensé que necesitaba  alguien que hablara bien inglés, como era mi caso y Lutz lo sabía, pero al entrar a su oficina vi que Horman se daba a entender en castellano. Entonces el Gral. Lutz me dirigió la mirada y dijo: “este es el ciudadano americano Charles Horman”. Entonces entendí que lo que quería era que averiguara si había algún antecedente sobre él en mi Servicio, el E.M.D.N. Salí de la oficina de Lutz, llamé por citófono al Departamento II, desde donde se me informó que no había nada sobre alguien de apellido Horman o Gorman (es lo que han corroborado ante el juez los jefes del Departamento II del E.M.D.N. en 1972 y 1973, años en los que el sr. Horman estuvo en Chile). Al volver a la oficina de Lutz, Horman ya venía saliendo; no debe haber estado más de unos pocos minutos en esa oficina, por lo cual es inverosímil que ahí se le hiciera un interrogatorio, como sostiene aún hoy el juez que lleva el caso. Si estos hechos constan en el expediente es únicamente porque yo los di a conocer ya en 1976 y, luego, en las instancias judiciales correspondientes; si yo hubiese tenido alguna participación dolosa o culpable en la muerte de Horman, obviamente los hubiese callado. Si los expuse es porque siempre he pensado que así contribuía a determinar la única circunstancia conocida de algún lugar en que Horman fue visto antes de su muerte.
[5] En un pasaje del libro Missing se recogen las siguientes declaraciones del padre de Charles Horman: "La auténtica responsabilidad de la muerte de mi hijo está en la propia embajada de EE. UU. Su vida fue sacrificada para encubrir las actividades estadounidenses en Chile".
[6] Incluso en el año 2000 (esto es, después de la desclasificación de 1999 autorizada por el Presidente Clinton, tras el arresto de Pinochet en Londres), en carta a Sandy Berger, Assistant to the President for National Security Affairs, Joyce Horman le reclamó la falta de entrega de documentos claves, especialmente de la CIA, así como la persistencia de pasajes no desclasificados : “I must respectfully share with you however, my disappointment at the lack of quality and quantity of the documents released last month [...] The CIA is a case-in-point. The agency released only six previously classified documents specific to my husband's murder”.  Para más detalles de esta carta puede consultarse el sitio web de la Charles Horman Truth Foundation y, más específicamente, en: http://www.hormantruth.org/ht/sampleletter
[7] Sobre paranoia y política en el caso estadounidense, se puede consultar el libro del historiador Richard J. Hofstadter: The Paranoid Style in American Politics, and Other Essays (1964), donde, entre otros aspectos, analiza las raíces históricas del macarthismo.
[8] Como Missing de Thomas Hauser se publicó en 1978, esto es, antes que Edmund Horman me conociera y dispusiera de los antecedentes que le aporté, el libro contenía serias inexactitudes con respecto a mí, pues entre otras cosas se dejaba entender que había colaborado con los militares en la preparación del Golpe y que había tenido nexos con la DINA, ambas aseveraciones sin fundamento alguno. Con respecto a lo primero, hay documentos notariales y testimonios de dirigentes de la Unidad Popular en que se reconoce que en diciembre de 1972 le advertí al entonces Subsecretario del Interior, Daniel Vergara y su Secretario Antonio Valladares, que, de no hacer cambios cruciales en la economía del país, la situación desembocaría en un Golpe de Estado en Septiembre de 1973 (omito ahora detalles de mi informe, en el que analizaba también el alcance de las acciones de sabotaje a la economía nacional por parte de sectores apoyados por intereses norteamericanos). En ese momento yo no tenía conocimiento de lo que tramaban el Almirante Merino y el General Yovane, Prefecto de Carabineros en Valparaíso, pero llegué a la conclusión de que septiembre de 1973 sería el momento más probable, ya que en esa fecha las FFAA podrían contar, en caso de ser necesario, con el apoyo de fuerzas de EEUU que se encontrarían apostadas en Chile durante la Operación UNITAS. Cuando informé de esta situación fui acompañado por mi amigo Octavio Abarca Gilbert. En cuanto a lo segundo, es demasiado evidente que jamás tuve nexos con la DINA y que, al contrario, como el ex Senador Erich Schnake lo pudo comprobar, sufrí en carne propia su persecución. En vista de esto, Edmund Horman, en enero de 1979, se comprometió a corregir esos aspectos en una futura reedición del libro de Hauser, así como también la referencia errada y anacrónica respecto a que en 1973 el Jefe de la Misión Militar de Chile en Washington, Gral. Ernesto Baeza, me habría indicado que regresara a Chile porque se produciría un Golpe. Lo cierto es que el Gral. Baeza estaba en Chile en marzo de 1971 y el Agregado Militar en Washington en 1973 era el Gral. Ervaldo Rodríguez. En cualquier caso, resulta claro que si Edmund Horman y Thomas Hauser hubieran seguido pensando, tras conocerme en 1979, que yo había sido golpista y ligado a la DINA, jamás me hubieran escrito las dedicatorias de puño y letra antes consignadas.

11 testimonios de mi actuación durante la U. P. y bajo la Dictadura


A continuación transcribo pasajes de documentos suscritos por diversos dirigentes de la Unidad Popular, de un ex estrecho colaborador del Gobierno de Frei Montalva y de un conocido sacerdote, que acreditan mi actuación antes y después del Golpe de 1973 (incluyendo nexos a los documentos completos). Si no hubiese recibido imputaciones con respecto a la muerte de Charles Horman por parte de cierta prensa chilena[1] y, lo que es más grave, de un juez de la República, naturalmente jamás habría sido necesario exponer públicamente estos testimonios.

Se trata de los testimonios de Mario González Riffo, Presidente del Comité de Exonerados Políticos de las FFAA; Alejandro Ríos Valdivia, ex Ministro de Defensa del Gobierno de la Unidad Popular; Carlos Jorquera, ex secretario de Prensa del presidente Salvador Allende; Alberto Jerez, ex Senador (PDC y, luego, Izquierda Cristiana); Carlos Morales Salazar, Periodista, Jefe de Seguridad de la Zona Centro del Partido Socialista en 1973; Guido del Valle Hermosilla, dirigente de la Asociación de Empleados de la CORFO (en 1973); Carlos Briones Olivos, ex Ministro del Interior del Gobierno de la Unidad Popular; Guillermo Saez Pardo, Secretario Político del Partido Comunista de CORFO (en 1973); Otto Boye, ex asesor político del Ministerio de Relaciones Exteriores y ex Embajador; Juan Ibáñez Elgueta, Periodista, ex Jefe de Informaciones de la Presidencia (del Gobierno de la Unidad Popular) y ex Consejero Nacional del Colegio de Periodistas; Baldo Santi, sacerdote leonardino, ex presidente de CARITAS-Chile.

* * *

Mario González Riffo,
Presidente del Comité de Exonerados Políticos de las FFAA:
[V]engo a certificar que conozco al ex agente del Departamento II del Estado Mayor de la Defensa Nacional, Sr. Rafael González Berdugo, y sé por múltiples testimonios que no se vio involucrado en actos de violación a los derechos de las personas. Muy por el contrario, arriesgó su integridad física para salvar la vida de las personas reprimidas por la dictadura, estuvo tres años asilado en una oficina de la Cancillería de Italia y doce años en el exilio”.
Santiago, el 9 de junio de 2008.


Alejandro Ríos Valdivia,
ex Ministro de Defensa (Gobierno de la Unidad Popular):
Por la presente declaro conocer al señor Rafael Agustín González Berdugo, ex jefe Operativo del Dpto. II del Estado Mayor de la Defensa Nacional, organismo dependiente del Ministro de Defensa, y por mi cargo de Ministro me correspondió un trato frecuente con él.
Por lo anteriormente expuesto, certifico que el señor González fue un eficiente, leal e incorruptible colaborador del gobierno de aquella época, específicamente, en la lucha contra el sabotaje económico que se implementó desde el extranjero”.
Santiago, 23 de noviembre de 1996.


Carlos Jorquera Tolosa,
ex secretario de Prensa del presidente Salvador Allende:
Con mucho orgullo certifico, por la presente, que conozco al señor Rafael González Berdugo, con quien me une una deuda de gratitud que no me es posible mensurar en palabras y que, estoy absolutamente cierto, también compromete en alto grado el proceso de recuperación democrática del país”.
Santiago, 24 de diciembre de 1990[2].


Alberto Jerez,
ex Senador (PDC y, luego, Izquierda Cristiana):
Me consta que a Rafael González Berdugo le deben la vida numerosas personas de todos los partidos de la U. P., y ello desde el mismo 11 de septiembre en la Moneda, cuando se negó a ejecutar a Carlos ‘el negro’ Jorquera. Además, en una oportunidad en mi departamento Volodia Teiltelboim y un funcionario del P.C. reconocieron con nombre y apellido a más de 29 militantes del P.C. que le debían la vida a Rafael, y como si esto no fuese suficiente, también reconocieron que en diciembre de 1972 Rafael le informó a Daniel Vergara, en ese entonces Subsecretario del Interior, que habría un golpe en septiembre de 1973”.
Santiago, 24 de marzo de 2004


Carlos Morales Salazar,
Periodista, Partido Socialista:
[F]ui militante del Partido Socialista de Chile y tuve a mi cargo uno de los equipos de seguridad del partido antes mencionado, durante el Gobierno de la Unidad Popular y, en tal calidad, certifico que el señor Rafael A. González Berdugo […], ex agente del Estado Mayor de la Defensa Nacional, fue un leal colaborador de nuestro equipo, sin tener militancia socialista, trabajando en la investigación de las actividades de sabotaje económico que implementara la CIA durante ese período.
Me consta además que prestó su valiosa cooperación respecto al tema arriba indicado, como asesor del entonces Director de Investigaciones, compañero Eduardo Paredes.
Deseo destacar que, con posterioridad al Golpe Militar, el señor Rafael González B., liberó del Estadio Nacional y de la Academia de Guerra Aérea (AGA) a varios compañeros del partido y asimismo gestionó la libertad de otros que sin esa intervención hoy serían parte de los desaparecidos.
En mi caso particular, informado que se me buscaba para detenerme, recurrí a él, y con su ayuda salí a Argentina, librándome de ser asesinado, ya que éste era el destino reservado a los miembros de seguridad de cualquiera de los partidos que conformaban la Unidad Popular”.
Santiago, 4 de diciembre de 1990.


Guido del Valle Hermosilla,
dirigente de la Asociación de Empleados de la CORFO (en 1973):
Casi inmediatamente después del golpe militar fui detenido y llevado al Centro de Detención de Tejas Verdes. Mientras me encontraba allí detenido, el Presidente Nacional del Comité Político de la Unidad Popular y sus Comités Sectoriales de CORFO, correligionario Héctor Ortega Fuentes, le comunicó mi situación al ex Agente del Estado Mayor de la Defensa Nacional, señor Rafael González Berdugo, quien de inmediato hizo las gestiones pertinentes para obtener de inmediato mi libertad.
Deseo dejar constancia de que quien suscribe prácticamente no conocía al señor González a esa fecha, y que me consta [que] no sólo consiguió mi libertad sino la de numerosos otros compañeros, militantes de todos los partidos de la Unidad Popular”.
Santiago, 20 de enero de 2005.


Carlos Briones Olivos,
ex Ministro del Interior (Gobierno de la Unidad  Popular), y
Alberto Jerez, ex Senador (PDC y, luego, Izquierda Cristiana):
Nos honra dejar constancia que decenas de personas, perseguidos por la dictadura militar, deben su vida al coraje y sentido humanitario del señor González Berdugo, a riesgo de su propia vida”.
Santiago, 21 de octubre de 1993.


Guillermo Saez Pardo,
Secretario Político del Partido Comunista de CORFO (en 1973):
[…] Cualquier persona de buen criterio y/o experiencia política tenía que percibir en el señor González [Berdugo] un espíritu democrático, de respeto a los procederes rectos y, si se me permite, de un pensamiento más cercano a la izquierda que a otras tendencias. […]
Un grupo de unos 70 funcionarios de la CORFO nos quedamos allí el 11/09/1973 acatando una orientación de la CUT […]
Esto motivó que dos elementos de la Marina me sometieran a duros apremios físicos, a golpes de puño y rodillas, ejercicios de precisión con un corvo, simulacro de ahorcarme. […]
Durante mi detención en el Estadio Nacional […] la sanguinaria y estúpida represión de esos días podría haber encontrado cualquier excusa para llevar mi situación a límites extremos.
No me enviaron a Chacabuco y me pusieron en libertad al 30 o 31 de octubre de 1973. Ya en libertad me encontré casualmente con Rafael González y por sus palabras pude explicarme que hubo una mano solidaria que se preocupó que pudiera saltar todos esos obstáculos y se me hizo evidente que había sido la mano de Rafael González.
Por otra parte, me consta de varios testimonios de personas que me merecen toda fe que esta no fue una actuación excepcional de Rafael González, sino una actitud prodigada a muchos compañeros, que por una parte confirma la impresión que teníamos de él antes del golpe y al mismo tiempo explica que esto le atrajera las graves sanciones y riesgos que recibió de parte de la dictadura”.
Santiago, 21 de diciembre de 2004.

Otto Boye S.,
ex Asesor del Ministerio de RR.EE. (1966-1970) y ex Embajador (1990-1998);
 “[…] Lo conocí muy bien [a Rafael González] cuando ejercí el cargo de Asesor Político de la Cancillería durante los años del Presidente Frei [Montalva]. Trabajaba como Agente del Departamento II Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, encubriendo sus actividades como funcionario de CORFO.
Colaboró estrechamente con RR.EE., y por las misiones que realizó en el exterior, generalmente de extremo riesgo personal, tuve contacto con él y conocimiento de lo que hacía. Me consta de su espíritu de sacrificio y de su entrega incondicional a los objetivos y tareas de nuestro gobierno.
A raíz de una de esas misiones, el Presidente quiso conocerlo, y después de eso lo envió a la Misión de Chile ante la ONU en Nueva York como premio”. […]
Santiago, 17 de diciembre de 1990.

Juan Ibáñez Elgueta,
Periodista, ex Jefe de Informaciones de la Presidencia (Gobierno de la U. Popular) y ex Consejero Nacional del Colegio de Periodistas:
Rafael [González Berdugo], durante el Gobierno del Presidente Allende prestó inapreciables servicios durante los tres años, especialmente como asesor del Dr. Eduardo Paredes.
Después del 11 de septiembre, ayudó con gran riesgo a decenas de importantes compañeros para salir del país o para salvar sus vidas. Como esta acción fue detectada, debió asilarse en la Embajada de Italia, donde permaneció durante tres años. Vivió un duro exilio […]
Santiago, 10 de enero de 1991.

Baldo Santi,
sacerdote, ex presidente de CARITAS-Chile:
 “[Durante la Unidad Popular] se le ordenó colaborar con el Director de Investigaciones de la época, Dr. Eduardo Paredes, con relación al sabotaje económico de la CIA, cosa que venía haciendo desde hace años y que le había creado numerosos problemas […]
Con posterioridad a su asilo [en la embajada de Italia] se supo que, aparte de Carlos Jorquera, muchos otras autoridades y partidarios del régimen allendista le deben la vida […]
Don Rafael fue exonerado el 2 de septiembre de 1975 y el 3 de septiembre, con la ayuda de amigos, buscó refugio en una oficina de la Cancillería italiana […] Nunca hubo cargos en su contra, pero el General Leigh y la DINA se oponían a su salida. En gestiones donde me tocó intervenir, el General Leigh no le dio su visto bueno.
Extractos del libro Algunos recuerdos de mi vida, Santiago, 2004.

Carta Abierta de Baldo SantiPresidente de Caritas-Chile y de la Fundación "Para la Dignidad del hombre"; Santiago, enero de 2004.



[1] No pierdo tiempo en enumerar la serie de reportajes y notas de prensa aparecidos en la última década en Chile, en donde diversos periodistas, con un nivel profesional lamentable, no chequean sus fuentes y repiten como loros hechos jamás acaecidos y apreciaciones carentes de todo fundamento con respecto al caso Horman en general y en lo que me atañe en particular. Lo cual no habrá impedido que, de manera excepcional, haya habido periodistas más serios como Cristián Opaso (que, entre otras cosas, tradujo parte sustancial del Informe Church relativo a las acciones encubiertas de la inteligencia de EEUU en Chile; ver su libro Frei, Allende y la mano de la CIA, Ed. Ornitorrinco, Santiago, 1990), Ignacio González Camus (ver su libro: El día que murió Allende, Catalonia, Santiago, 2013, pp. 316-317), Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Óscar Sepúveda (cf. La historia oculta del régimen militar, Santiago, Uqbar, 2008).
[2] Puede también consultarse el libro de C. Jorquera El Chicho Allende (1990), donde relata cómo le salvé de una muerte segura el 11 de septiembre de 1973, y la sección de este blog referida al documental alemán Der letzte Tag des Salvador Allende (2004), en el cual aparecemos entrevistados juntos. También se puede consultar al respecto el ya mencionado libro de Ignacio González Camus, El día que murió Allende (2013).